El crimen perfecto; si existe, yo puedo traducirlo

Escena del crimen

Aunque profesionalmente se me relaciona más con el género romántico (gracias, sobre todo, al exitazo de Cincuenta Sombras liberadas), tengo otra especialización profesional, que coincide con mi género favorito como lectora: la novela negra y de misterio.

Además de la infinidad de historias misteriosas que he leído en mi vida, ya llevo también unas cuantas traducciones de esta temática a mis espaldas, y por eso se me ocurrió proponerles a las chicas del equipo de formación de Asetrad esta charla-taller sobre la traducción de la novela negra.

Tras las geniales experiencias anteriores, estaba deseando estar de nuevo delante de la pantalla y ver aparecer poco a poco, en la ventana de Zoom, los nombres de los participantes. Esa tarde se reunió enseguida un grupito muy variopinto y muy interesado.

Y llegó la hora de empezar.

 

Charla novela negra

 

Como suelo hacer, introduje el tema con una presentación del género, sus subgéneros, sus características y sus dificultades. Había mucho que contar, porque hablamos de un campo muy amplio, así que, tras un rato muy largo de teoría, mis oyentes estaban deseando ver todo lo que había explicado aplicado a la práctica.

Anticipando que estarían ansiosos por encontrarse con las manos en la masa, y como no quería decepcionar a mi audiencia, tenía un as en la manga… Había llegado el momento de mostrarles algo jugoso a lo que pudieran hincarle el diente (o clavarle el cuchillo, ya que estamos en el contexto de los asesinatos): unos textos de novelas negras reales, que pudieron despiezar lentamente, como buenos psicópatas, hasta sacarles todo el jugo sanguinolento. El descuartizamiento textual y posterior análisis forense dio para mucho; tuvimos que alargarnos más allá de la hora prevista, de hecho.

Y, como en toda novela negra que se precie, en el último momento se produjo un vuelco de la trama, un plot twist, que hizo que los participantes soltaran exclamaciones de sorpresa y que yo esbozara una sonrisa de satisfacción al lograr el efecto deseado.

A pesar de la ambientación macabra, mi intención aquella tarde no tenía nada de criminal; lo que pretendía era que los que me escucharon aprendieran lo bastante para abordar las traducciones de este género con mayor confianza y seguridad. Confío en que así fuera (los asistentes me aseguraron que sí) y que, con el tiempo, al menos alguno haya llegado a «mancharse las manos» traduciendo una de estas historias.

Gracias, como siempre, al fabuloso equipo de formación de Asetrad por contar conmigo una vez más, y a los asistentes por su excelente disposición, sus interesantes preguntas y su indispensable colaboración en el taller. Fue un placer compartir esa tarde con vosotros. Y espero que no os salpicara la sangre.

 

 

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© MARÍA DEL PUERTO BARRUETABEÑA.

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